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En el mundo de hoy en día, se recomienda que los niños se vuelvan “socios de trabajo” con sus padres y sus profesores. Es posible lograr este reto de muchas formas: respeto mutuo, compartiendo opiniones, aceptar decisiones, poner metas, estándares o limitaciones, y permitir ciertos derechos y privilegios.
 

Asumir responsabilidades ayuda al crecimiento individual de la persona y su relación  con otros. Mientras el niño/a aprende los beneficios de adquirir orden y organización como resultado de la asimilación del concepto “cooperación”, también aprende a verse a sí mismo como una persona capaz de contribuir a otras personas. La mejor manera de crecer en esta área es a través de un desarrollo sistematizado, en el cual el niño/a logra sentirse útil y necesitado desde muy temprana edad, con la expectativa de volverse independiente y más seguro de sí mismo con el paso del tiempo.

 

Algunas veces los padres están conscientes de la necesidad de darles responsabilidades a sus hijos pero se frenan por el desconocimiento de cómo hacerlo y qué esperar de ellos.
Se relaciona a continuación,  una lista de responsabilidades que se consideran factibles de realizar por los niños de acuerdo a su edad. Los niños no deben de dejar de cumplir con sus responsabilidades adquiridas cuando inician otras nuevas. Es importante que el niño adquiera una nueva responsabilidad que beneficie el núcleo familiar, al inicio de un nuevo ciclo escolar. Un niño/a de 4 años podría tener a su cargo 4 obligaciones en el hogar. Lo que significaría que a la edad de 8 podría realizar 8 obligaciones  en el hogar. La lista es sólo una guía. Es importante valorar la situación particular de cada familia. Los niños pueden realizar trabajos en casa de acuerdo a su propio desarrollo y madurez.

 
Al implementar estas responsabilidades en el hogar se recomienda mucha táctica. Es muy importante hacerlo gradualmente. Primero hay que establecer una buena  relación con los niños. Posteriormente y de común acuerdo, los padres y niños determinan como éstos últimos inician a contribuir como miembros de la familia al hacer labores en la casa. Un niño necesita que se les entrene en cada una de las tareas que se les pida realicen. Es muy importante que los padres hagan con ellos las tareas mientras aprenden. Recuerde que cuando un niño hace una labor, lo va a realizar a su nivel y no al de un adulto, por lo que los padres no deben esperar trabajos hechos a la perfección. Es muy importante que los padres alaben y motiven positivamente a sus hijos por  las tareas hechas en casa. Si es necesario corregir a un niño en cómo hacer mejor una tarea en la casa, debe de ser hecha de una manera positiva.



Posibles tareas a realizar por niños entre 4 y 5 años.

Ayudar a poner la mesa.
Para hacer esta tarea más fácil, hacer un dibujo en un papel de cómo se deben colocar los cubiertos. Escribir una D (derecha) por los cubiertos que se deben poner a la derecha y una I (izquierda) por los que se deben de poner en esa parte. Esto es muy bueno pues los niños aprenden al mismo tiempo los conceptos “derecha/ izquierda”. Mientras aprenden, permita que los niños usen el modelo de papel como mantel individual.
Ayudar a hacer la cama.
Ayudar a sacar la compra de las bolsas y  guardarla en la despensa. Este tarea ayuda mucho a desarrollar habilidades de organización.
Ayudar en la cocina en la preparación de los alimentos.
Ayudar en la preparación de algún platillo sencillo, como un postre, ensalada, emparedado o ponerle queso a galletas.
Levantar los juguetes y guardarlos.
Aprender a compartir los juguetes con sus amigos.
Jugar sin la constante supervisión y atención de un adulto.
Jugar al tren de basura. Use una bolsa de plástico y juegue a que el tren va por la casa recogiendo la basura de los botes.
Aprender a amarrarse las agujetas de los zapatos.
Hacer tarjetas de cumpleaños para la familia.
Ayudar a mamá o papá a sacar la ropa que va a usar al día siguiente.
Lavarse los dientes sólo y tomar un bañarse en la noche (si es parte de su rutina diaria)
Escoger un lugar en la casa para hacer las tareas de la escuela con el fin de crear el hábito del estudio.

Posibles tareas a realizar por niños entre 5 y 6 años.

Servirse en un vaso lo que desee beber. Para hacer esta tarea más fácil, comprar un bote
De plástico de ¼  y llenarlo solamente las 2/3 partes con leche o jugo.
Ayudar con la lechuga para  la ensalada, haciéndola en pedazos con las manos.
Ayudar a cocinar midiendo ingredientes que se necesitan en una receta. Esta tarea es muy buena para practicar matemáticas al medir ¼, ½, ¾, cucharadas, por ejemplo.
Hacer emparedados y limpiar el área donde se prepararon.
Hacer la cama y levantar el cuarto.
Vestirse solos y escoger la ropa para el día siguiente.
Separar la ropa sucia para lavarla, poniendo la ropa de color en un lado y  la ropa blanca en otro lado.
Doblar la ropa limpia  y guardarla en los cajones.
Contestar el teléfono y aprender a hacer llamadas telefónicas.
Ayudar a cuidar a las mascotas, alimentándolos  y limpiando su área.
Enviar recados de agradecimiento por regalos recibidos.
Preparar la mochila y todo lo necesario para ir a la escuela al día siguiente (fólder de tarea, dinero de lunch, libro de lectura, etc.)
Hablar de lo que hizo en la escuela con detalles.


Posibles tareas a realizar por niños entre 7 y 8  años.

Llevar los platos sucios de la comida al lavabo, enjuagarlos y colocarlos en la máquina para lavarlos o donde se lavan.
Una vez lavados los trastes, ponerlos en su lugar.
Hacer una ensalada verde.
Pelar vegetales.
Limpiar su cuarto el fin de semana.
Preparar su lunch que lleva a la escuela.
Colgar su ropa en el closet.
Limpiar vidrios y ventanas.
Pagar cuando haga pequeñas compras.
Organizar el gasto de su dinero personal (gastada)
Ayudar a limpiar el coche.
Barrer el piso
Ayudar en trabajos  sencillos en el jardín, tales como usar el rastrillo para recoger hojas,quitar la hierba o basura.
Regar las plantas y flores
Sacar a caminar a la mascota familiar.

Posibles tareas a realizar por niños entre 9 y 10 años.

Limpiar el baño.
Pasar la aspiradora y quitar el polvo de la sala.
Trapear el piso de la cocina.
Aprender a preparar un platillo para la cena.
Cuidar a un menor que él/ella con la supervisión de un adulto.
Ayudar a lavar el carro.
Ayudar a hacer la comprar de la despensa en la tienda.
Poner los platos en la máquina para lavarlos.
Pulir objetos de plata u otro metal.
Quitar el polvo de jarrones o diferentes muebles en la casa.
Levantarse por sí mismo con un reloj despertador.
Indicadores del desarrollo

Las destrezas como saber los nombres de los colores, mostrar afecto y saltar en un pie se denominan indicadores del desarrollo. Los indicadores del desarrollo son las cosas que la mayoría de los niños pueden hacer a una edad determinada. Los niños alcanzan estos indicadores en áreas como el juego, el aprendizaje, el habla, la conducta y la movilidad (como gatear, caminar o saltar).


A medida que los niños entran en la primera infancia, su mundo comienza a expandirse. Se harán más independientes y comenzarán a prestar más atención a los adultos y niños que están fuera de la familia. Querrán explorar y preguntar más sobre las cosas a su alrededor. Su interacción con familiares y aquellos que los rodean les ayudarán a moldear su personalidad y a definir sus propias maneras de pensar y actuar. En esta etapa, su hijo estará en capacidad de andar en triciclo, cortar con tijeras de seguridad, diferenciar a los niños de las niñas, comenzar a vestirse y desvestirse solo, jugar con otros niños, recordar partes de los cuentos y cantar una canción.




Hoja informativa sobre crianza positiva


boceto de hoja informativa


Descargar e imprimir esta hoja informativa[PDF - 675KB]


Consejos de crianza positiva


Estas son algunas cosas que usted puede hacer para ayudar a su hijo preescolar en esta etapa:


Continúe leyéndole a su hijo. Llévelo a las bibliotecas y librerías para inculcarle el amor por los libros.
Permítale que ayude con tareas sencillas.
Anímelo a que juegue con otros niños. Esto le ayudará a entender el valor de compartir y de la amistad.
Sea claro y no cambie las reglas a la hora de disciplinar a su hijo. Explíquele y muéstrele la conducta que espera de él. Cuando le diga no, dígale lo que debería hacer en cambio.
Ayude a su hijo a desarrollar destrezas del lenguaje hablándole con oraciones completas usando palabras de adultos. Ayúdelo a usar las palabras y frases correctas.
Ayude a su hijo paso a paso a resolver problemas cuando esté frustrado.
Dele un número limitado de opciones sencillas (por ejemplo, que decida la ropa que se pondrá, cuándo puede jugar y qué va a comer de refrigerio).
La seguridad de los niños es lo primero

A medida que el niño adquiera más independencia y aumente su interacción con el mundo exterior, es importante que usted y su hijo sepan mantenerse seguros. Estos son algunos consejos para proteger a su hijo:


Explíquele a su hijo por qué es importante mantenerse alejado del tráfico. Pídale que no juegue en la calle ni corra tras las pelotas que se van a la calle.
Actúe con cautela cuando le permita a su hijo andar en triciclo. Haga que circule por la acera y no por la calle y que siempre use un casco de protección.
Inspeccione los equipos de los parques infantiles. Asegúrese de que no tengan partes flojas ni bordes filosos.
Vigile a su hijo todo el tiempo, especialmente cuando juegue afuera.
Tenga precaución con el agua. Enséñele a su hijo a nadar, pero vigílelo todo el tiempo que esté cerca de algún lugar con agua (esto incluye las piscinas infantiles).
Enséñele a su hijo a cuidarse de los extraños.
Su niño deberá viajar en la sillita de seguridad del auto con un arnés viendo hacia adelante mientras no supere la altura o el peso máximo permitido por el fabricante de dicho asiento. Cuando su hijo pase del límite para usar la sillita de seguridad que mira hacia adelante, estará apto para viajar en una sillita de seguridad elevada, pero siempre en la parte posterior del vehículo. La Administración Nacional de Seguridad Vial[PDF - 1.16MB] tiene información sobre la seguridad de los niños que viajan en vehículos (en inglés).
Cuerpos saludables


Coman juntos con su niño siempre que sea posible. Muéstrele que usted disfruta al comer frutas, vegetales y granos enteros en las comidas o refrigerios. Su niño solo debe comer y beber una cantidad limitada de alimentos con azúcar adicional, grasas sólidas o sal.
Limite el tiempo que su niño pasa frente a pantallas a no más de 1 a 2 horas al día viendo programas adecuados, sea en casa, en la escuela o en la guardería.
Ofrézcale a su hijo en edad escolar juguetes apropiados para esa edad, como pelotas y bates de plástico, pero déjelo que escoja lo que quiere jugar. Esto hará que moverse y estar activo sea algo divertido para él.


¿Cuál es el momento en el que el niño empezará a hablar? Otra preocupación para los padres cuando no se explica bien.

Cuando entendemos el desarrollo de los niños como una sucesión de exámenes de actitud, ver como crece nuestro hijo es una preocupación constante. Ese es el motivo por el que entre los alrededor de 500 artículos que ya he escrito no vais a encontrar ninguna tabla de “hitos del desarrollo”. En la mayoría de los casos sirven sólo para generar ansiedad. Especialmente cuando se entienden de forma rígida.

Cada niño es diferente y en el desarrollo siempre hay que considerarlo en su conjunto.

Hace unos días no pude evitar reirme. Me comentaba una madre que le habían dicho en el control del niño sano que su hijo tenía un problema de desarrollo, porque pasándole la encuesta, punto por punto en plan ITV, la enfermera se alarmó porque el niño aún no apilaba 5 cubos para hacer una torre. La madre, que dicho sea de paso ya tiene claro que las listas de cosas que los niños “tienen que hacer” no son más que simplificaciones absurdas, respondió sin pensarlo: “Pues como le deje el IPad puedes flipar viendo como lo maneja.”
Hay listas del mismo tipo diciendo con qué edad hay que decir cuantas palabras, o frases de qué longitud… No voy ni a mencionar las fechas que suelen dar en esas listas con más frecuencia precisamente para que no le hagáis ni caso.
La cuestión es que por simple comparación, hay niños que empiezan a hablar más tarde. Y son esos padres los que de verdad empiezan a preocuparse por el desarrollo de sus hijos y en los que voy a centrarme.
Hay niños normales que hablan con una claridad asombrosa con poco más de un año y otros que no alcanzan ese nivel hasta los 3 años o más.

La cuestión no es qué hacer para que empiece a hablar cuanto antes.

Sino diferenciar los niños que empiezan más tarde a hablar porque tienen un problema de los que no hablan aún, pero son normales. Y eso para ver si en los que tienen problemas hay algo que podamos hacer para ayudarles.
Hay que tener claro que además en el desarrollo hay muchas habilidades diferentes y que pueden desarrollarse a velocidades muy variables.

Y ¿cómo diferenciamos a los niños con problemas de los que no los tienen? Os puede explicar lo que yo hago:

- Lo más importante: Observa a tu hijo en su conjunto. Si dejas de un lado el tema del lenguaje, dirías que en el resto de habilidades de tu hijo están bien, o incluso por encima de lo que observas en otros niños de su edad. Si es así no te preocupes demasiado. En los niños en los que esto ocurre es importante la siguiente pregunta.
– ¿Entiende lo que le dices? La comprensión del lenguaje se desarrolla antes que el hablar. Cuando un niño tarda en empezar a hablar pero entiende lo que se le dice descarta dos problemas importantes: El primero, que el niño escuche bien. Cuando un niño no atiende a lo que le decimos, hay que investigar es si oye bien. Evidentemente si un niño no oye, no va a desarrollar el lenguaje oral. En eso se puede cometer un error: Un niño puede tener problemas de audición a pesar de que responda a sonidos. Para escuchar, entender y reproducir el lenguaje es necesario escuchar, pero además deben escucharse unas frecuencias concretas que son las que usamos al hablar. Cuando se tienen problemas para oír, lo más frecuente es que el fallo esté en unos sonidos concretos, no en todos. Y algunos niños responden a ruidos muy variados, pero sin embargo no lo hacen al lenguaje. En los niños que retrasan claramente el desarrollo del lenguaje y no parecen entender lo que se les dice, lo primero que os recomiendo es que sea valorado por el Otorrino para descartar problemas de oído. En segundo lugar: Si el niño entiende lo que se le dice es que además de funcionar bien el oído lo hace la zona del cerebro encargada de entender el lenguaje. Así, si un niño no entiende lo que se le dice por encima de los 18-24 meses debe ser valorado por el Otorrino, y si no hay problemas de oído, os recomiendo que lo vea el neurólogo. Pero la mayoría de los niños que no hablan aún con esa edad entienden lo que se les dice. En esos casos, no os preocupéis y dadle su tiempo.
– ¿Dice ya alguna palabra con sentido? Si la respuesta es sí y el resto del desarrollo del niño es normal, es que seguramente todo está bien. Porque si un niño es capaz de reproducir una palabra con sentido, es porque puede oírla, entiende que esa palabra tiene un significado y es capaz de articular el lenguaje. Es decir, que tiene todo lo necesario para que cuando esté preparado y lo necesite, pueda desarrollarse.
– ¿Consigue todo lo que necesita sin necesidad de usar el lenguaje? Muchos niños tardan más en desarrollar el lenguaje porque consiguen lo que necesitan sin necesidad de usarlo. Y eso es en algunos casos un signos precisamente de que el niño es más inteligente y no lo contrario. Yo suelo poner un ejemplo: “Imagina que te vas a vivir a un edificio en las afueras de Moscú, y dentro de 6 meses has conseguido que todos tus vecinos aprendan tu idioma. ¿eso es un signo de falta de inteligencia?” Ante esto hay quien recomienda “incentivar” al niño a usar el lenguaje. Por ejemplo escolarizándolo si no lo estaba o no haciendo caso al niño cuando nos pide algo si no usa el lenguaje.
La cuestión clave es ¿es peor que un niño hable más tarde? o dicho de otro modo ¿debemos forzar el desarrollo del lenguaje? Y la respuesta es que no. Mientras el niño no tenga un problema de oído o neurológico y desarrolle el lenguaje antes de la escolarización no va a suponer un problema. Y si no lo ha hecho, el momento de la escolarización suele incentivar a que se haga ese desarrollo. Evidentemente no hablar puede dificultar su adaptación al colegio, pero precisamente por eso no tiene sentido adelantar la escolarización para acelerar el lenguaje forzando un paso para el que unos meses después el niño estará mejor preparado.


El peso y la talla de los bebés dicen mucho de su desarrollo físico. Desde su nacimiento, el bebé es pesado y medido y, especialmente, en el primer año de su vida, su peso y sus medidas de crecimiento deben ser controlados por el pediatra.


El peso y la talla del bebé al nacer

La herencia genética y el momento de la gestación que el bebé elige para nacer determinan, en principio, su peso y talla. Así, el tamaño de los padres influye en el peso y talla del bebé no sólo en el momento del nacimiento, sino también en su desarrollo posterior. Respecto al momento del parto, hay que hacer una distinción entre los que nacen a término y los que se adelantan a la semana 38 de gestación. En otras ocasiones, una enfermedad materna que no le haya permitido recibir suficiente alimento durante el embarazo o una diabetes gestacional también pueden determinar el peso y talla del bebé al nacer.

¿Cuánto ha pesado el bebé?

Tabla de pesos y estatura para los bebés, niños y niñas

Es la pregunta más frecuente a la que responden los padres tras el nacimiento de su hijo junto con el nombre elegido para él. Por debajo de los 2.500 gramos, se considera bajo peso en los bebés nacidos a término, mientras que por encima de los 4.000 gramos, el peso es evaluado como alto. El valor medio está situado entre ambas medidas y en torno a los 3.000 gramos.

¿Cuánto debe crecer el bebé y aumentar de peso?

La medición del peso y la talla son controles rutinarios que llevará a cabo tu pediatra en cada visita. Es importante no obsesionarse con estas medidas porque los picos de aumento de peso y de crecimiento no son siempre los mismos y, durante el primer año, cambian cada trimestre.


Así, durante los primeros tres meses, el aumento de peso oscila entre 750 - 900 gramos mensuales. Entre el tercero y sexto mes, decrece y el aumento gira en torno a 500 - 600 gramos mensuales. Entre el sexto y noveno mes, el aumento de peso es menor, entre 350 - 400 gramos mensuales. Y, finalmente, entre el noveno mes y el año de edad, el promedio mensual se sitúa entre 250 - 300 gramos.

Tabla de peso y talla para niños y niñas

Las tablas sobre el peso y las medidas ideales son orientativas, un aspecto que deberás tener en cuenta a la hora de pesar y medir a tu hijo. Esta orientación NO sustituye a los consejos del pediatra. Sigue respetando y considerando las revisiones mensuales indicadas por el médico. Será él quién dará la última palabra cuánto al estado físico de tu hijo.

La tabla de la OMS para niños y niñas

Hasta abril de 2006, las tablas de crecimiento se basaban en una población infantil reducida, de un mismo origen geográfico y sin distinguir entre los bebés alimentados con leche materna y los que se nutrían de leche de fórmula. Hace quince años, la Organización Mundial de la Salud, OMS, consciente de esta situación y de que esas tablas podían estar interfiriendo en el cuidado de la salud de los bebés, decidió iniciar un estudio mucho más amplio. La población seleccionada incluye niños de diversas etnias y procedencias y la novedad es que todos han sido alimentados con leche materna, que se considera el patrón de referencia en cuanto a alimentación.




Los niños viven un periodo de rápido crecimiento y desarrollo que representa una clara diferencia frente a la relativa estabilidad de los adultos. Además de los cambios físicos asociados con la maduración, existen importantes cambios sociales, cognitivos y comportamentales que tienen profundas repercusiones para la psicopatología infantil y su tratamiento.

La edad se presenta como uno de los aspectos más importantes a tener en cuenta, en la consideración y pronóstico de una conducta infantil, dado que lo que puede resultar como absolutamente normal en una edad determinada puede que ya no lo sea en otra edad (pelearse, mojar la cama, miedos o actividad sexual). Conductas de este tipo son consideradas de un modo muy distinto y tienen un pronóstico diferente según la edad del niño que las manifiesta. De hecho la mayoría de los síntomas de los trastornos infantiles son comportamientos adecuados, o por lo menos típicos en las primeras etapas del desarrollo (hiperactividad, inquietud e incluso agresión). Por ejemplo, los estudios epidemiológicos de niños normales muestran que los padres informan que aproximadamente la mitad de los niños son inquietos hiperactivos y distraibles; los síntomas más característicos del trastorno de hiperactividad con déficit atencional.

La edad también ha de ser tenida en cuenta a la hora de determinar si se ha de intervenir, la elección del tipo de tratamiento y cuándo se ha de intervenir. Esto supone una tarea complicada debido a los cambios sistemáticos en los patrones comportamentales y emocionales que se suceden en el curso del desarrollo.

LA INTERACCIÓN - PADRES-HIJOS
Para mantener una buena relación es necesario que la comunicación sea buena y este siempre abierta.
Hablar no lo es todo. Es mejor hablar en un tono de voz bajo pero que conlleve una consecuencia real.
Las tácticas para desarrollar una buena comunicación deben adaptarse a la edad y madurez del niño/a.

El orden adecuado para fomentar una buena comunicación es pasar de más consecuencias con menos palabras cuando son pequeños, y a más palabras con menos consecuencias a medida que se acerca al periodo de la adolescencia.

En general, lo mejor es usar más DIRECCIÓN con un niño/a pequeño y más COMUNICACIÓN con un niño/a más mayor.

Ejemplo:

Decirle a un niño/a de 2 años que la estufa quema puede llegar a hacerle comprender con el tiempo que no debe tocarla, pero retirar su mano y decide firmemente: ¡NO!, le hace comprender de forma inmediata lo que se pretende. Sin embargo, un adolescente al que se le encuentra bebiendo cerveza o fumando puede necesitar un castigo, pero no servirá de mucho si no se le da información sobre el alcohol y las drogas.


Cómo escuchar a nuestros hijos para que ellos nos comuniquen sus preocupaciones, alegrías, sentimientos...

Observar su comportamiento
Cuando el niño/a empieza a actuar repentinamente de una forma distinta, es muy posible que intente comunicar algo.

Miguel de 8 años se había vuelto destructivo, rompía juguetes y cosas de la casa. Se descubrió que estaba muy preocupado por la salud de su padre, que era precaria, pero de la que nunca se hablo en su presencia. Con ayuda, fue capaz de expresar sus sentimientos y dejar de manifestar sus miedos.

Ayudarle a Expresar sus Emociones.

El proceso de enseñar a un niño/a a definir y expresar sus emociones es lento y supone mucha insistencia.

Con los niños muy pequeños es útil utilizar el "árbol del sentimiento". A medida que el niño/a se hace mayor es útil utilizar expresiones como: "Suena como si estuvieras enfadado con Juan"," Parece que te preocupa algo. ¿Qué crees que es? ",... y fuego tras una corta charla puede lograrse que el niño/a verbalice que está celoso,....

No hay que olvidar tampoco que no sólo se le ha de enseñar a expresar sus sentimientos sino que también se debe añadir una consecuencia a su comportamiento.

Ejemplo:

Javier, de 4 años está intentando encajar dos piezas de un juguete y no lo consigue. Se está enfadando y finalmente lanza el juguete al suelo. Su madre le explica que es normal que se sienta "molesto" y que cuando se sienta así debe pedir ayuda. Pero también añade una consecuencia "cuando tires las cosas así no las volverás a ver en toda la tarde".

Tiempo para Escuchar.

Es muy importante encontrar un rato diario para hablar con nuestros hijos, en el cual nos cuenten lo que les ha pasado durante el día y sus sentimientos, de manera que se sientan libres para darnos detalles.


Algunos consejos:


Concierta Citas para hablar. No Olvides Cumplir Las Citas.
Préstale la máxima atención. Actúa como si tuvieras todo el tiempo del mundo y como si fuera un amigo tuyo el que tuviera un problema.
Inicia la conversación. A veces les cuesta mucho arrancar. Entonces servirán frases como: "Hablemos" o "Dime lo que te preocupa"; a veces, es mucho mejor ser más específico: "Cuando has llegado del colegio parecías muy triste. ¿Me quieres contar qué te ha pasado? ".


Puede que el niño/a diga que no quiere hablar en ese momento. Entonces respétalo/a y hazle saber que podrás hablar más tarde, cuando esté dispuesto/a.

También es posible que tu hijo/a necesite un empujón más y que contándole primero un cuento o inventando una historia donde aparezca un niño/a como tu hijo/a, al que le ocurre algo similar... puede que entonces empiece a expresarse.

Otras veces lo mejor es empezar por sentarse a su lado abrazándole y esperar sin prisa a que arranque.
Mantén la conversación viva. Resiste la tentación de resumir lo que cuenta antes de que haya acabado. Evita dar largos discursos, ... Sigue el hilo como un amigo en fugar de un policía haciendo un interrogatorio. Debes aprender a ponerte en su lugar, hacerle saber que entiendes cómo se siente, ponerte a la altura de la visión del mundo que tu hijo/a tiene, que no necesariamente debe ser la "verdad" exacta de lo que ocurrió.


Finalmente haz saber a tu hijo/a que estás contento/a de que comparta sus sentimientos contigo:" Gracias por contármelo", "me alegro de que me lo cuentes, sé que te habrá costado",... o simplemente un abrazo.

Cómo hablar al niño/a

Mírale a los ojos y fomenta que tu hijo/a también te mire así a ti. Si a tu hijo/a le cuesta puede ser útil jugar en otro momento al "Juego de las miradas ".
No olvides elogiarle cuando lo haga.
Háblale con voz firme y relajada.
Utiliza frases sencillas. Y evita discursos.
Explica a tu hijo/a los sentimientos que producen en tí sus acciones o actitudes en fugar de criticarle directamente (además de establecer consecuencias cuando sea necesario): "me enfado mucho cuando dejas tus juguetes sin recoger y tengo que recogerlos yo", " me enfado mucho cuando tardas mucho en comer y tengo que esperar para recoger la cocina y no puedo estar luego contigo leyéndote un cuento",...
Aprende a utilizar frases en 1a persona en lugar de en 2a. De esta manera se evitan las críticas y culpabilizar al niño/a y no dejas de expresar tus emociones con eficacia.
Di lo que piensas y piensa lo que dices.

Cómo entender a nuestros hijos
A continuación ofrecemos algunas ideas que puedan servir de guía para una buena relación padres e hijos:
Padres e hijos no son iguales en todos los aspectos. La única diferencia es la natural dependencia del niño en relación con la seguridad, el apoyo y la alimentación, que otorga a los padres una responsabilidad natural sobre amplias áreas de la vida del niño.
Los padres que castigan a los niños que no se comportan como se espera de ellos, no son "malos padres". El castigo sólo es malo cuando:
No sirve para cambiar el comportamiento de un niño
Acarrea consecuencias no deseadas para el niño
Los padres promueven el sentido de la seguridad en los niños cuando dicen exactamente lo que pretenden, cuando lo dicen claramente y cuando son coherentes y predecibles en su comportamiento.
Un niño puede desarrollar su sentido de la responsabilidad sólo cuando se le considera responsable de sus actos. Este sentido de la responsabilidad puede y debe ser enseñado por los padres.
La autoridad paterna no tiene porqué ejercerse de manera abusiva, mezquina, dura o dañina para el niño. No obstante, la autoridad corresponde a los padres.
La mayor parte de las dificultades entre padres e hijos surgen de la lucha que se establece por disponer de poder y control. Los padres deben saber cómo ganar esta batalla cuando sea necesario, de modo que puedan otorgar poder a sus hijos cuando sea más aconsejable.

Las claves para resolver la mayoría de las dificultades que los padres tienen con sus hijos consisten en establecer unas normas, marcar las consecuencias que se derivan de la ruptura de esas normas y utilizar una disciplina coherente.

Las normas efectivas contribuyen a que el niño se sienta seguro, de modo que no tenga que comportarse mal.

Un conjunto de normas define cuales son las relaciones entre los miembros de la familia, ofrece pautas para tomar decisiones y proporciona ideas sobre cómo deben producirse los cambios dentro de la familia. El procedimiento de establecer normas y límites para los niños no es inamovible pues deben irse ajustando a las circunstancias cambiantes como el crecimiento físico, la maduración intelectual y afectiva y las nuevas condiciones de la vida familiar. Si en la familia no se produce un proceso semejante, El caos resultará inevitable. Todos sus miembros sentirán inseguridad y ansiedad cuando existan falta de entendimiento y confusión en cuanto al papel que cada uno debe jugar para tener un comportamiento adecuado.

Los pasos a seguir para establecer normas son:

A) Observar cuidadosamente a los hijos

La mera presencia de los padres hace que el comportamiento de un niño no sea realmente el que tendría. Para entender esos "otros" comportamientos debemos ser capaces de observar a los niños sin que éstos se den cuenta de nuestra presencia. También preguntar a amigos o parientes qué les parece el comportamiento de su hijo. Cuando se observa a un niño lo que si hay que evitar es la tendencia a ser únicamente las cosas que hace mal, en lugar de observar su comportamiento general.

Una de las principales dificultades que experimentan los padres cuando observan a sus hijos deriva de sus deseos de intervenir en su comportamiento. Si usted quiere que su hijo se comporte "adecuadamente", recuerde que una intervención desafortunada sólo puede conseguir un comportamiento indeseado.


B) Analizar las situaciones problemáticas

En primer lugar, averigüe cual es el problema. La mejor manera de definir un problema es identificar un comportamiento que desee cambiar.

Una de las tentaciones que más frecuentemente sufren los padres al definir un problema consiste en querer modificar el estado emocional o los sentimientos del niño. Lo más eficaz, por el contrario, es tratar de modificar el comportamiento. Si se consigue modificar un comportamiento, la mayoría de las veces cambia también el estado emocional que sustentaba ese comportamiento.

Una vez definido el problema, el paso siguiente será analizarlo. Para hacerlo necesitamos toda la información que podamos reunir: ¿Cuándo ha surgido? ¿Cómo? ¿Cuáles son sus consecuencias? ¿Que parte de él nos corresponde? ¿Cómo reaccionamos? ¿Entendemos porqué reaccionamos de ese modo? ¿Qué nos gustaría hacer? ¿Cómo nos gustaría que se resolviese esta situación por si sola?. Para analizar cada problema lo más conveniente es que los padres, entre sí o con otra persona, sean capaces de hablar.

Tras analizarlo, el siguiente paso consistirá en considerar las distintas posibilidades para poder resolverlo. Después, convendrá revisar cada una de ellas teniendo en cuenta si somos capaces de hacer lo que cada posibilidad exija, las consecuencias probables que ello pueda tener en el niño y en nosotros mismos, y también si la solución es razonable en cuanto se refiere a tiempo, energía y dinero.


C) Establecer las normas
Las normas deben ser razonables
Los padres deben asegurarse de poder distinguir cuando se ha cumplido la norma y cuando no.
Hay que describir las normas con detalle
Las normas deben establecer un límite de tiempo
Debe existir alguna consecuencia prevista si se rompe el cumplimiento de una norma

D) Ser coherentes al aplicarlas

La coherencia es una manera de informar al niño de que los padres piensan realmente lo que dicen. La aplicación coherente de buenas normas promoverá el orden y la disciplina en la familia, dará seguridad y contribuirá a que todos ofrezcan una mejor disposición.

Cómo tomar decisiones sobre nuestro hijo

Los padres a los que se les hace tan difícil tomar decisiones respecto a sus hijos no tienen confianza en cómo debe actuarse.

Para ciertos padres, cualquier resultado que no sea una comprensión inmediata y espontánea o una respuesta efectiva a las dificultades, es señal de su incapacidad personal. Esto es una auténtica tontería, NADIE HA NACIDO SIENDO PADRE. Por el contrario, ser padre es algo que se aprende.

No resulta sencillo adoptar decisiones sobre cómo proceder con los hijos. Tenemos que hacer lo que podamos con lo que tenemos. Como padre, usted necesitará disponer de tiempo para sentarse tranquilamente a analizar las dificultades de sus hijos y para decidir qué hacer.

Cuando los padres se muestran indecisos en relación con sus hijos, éstos lo perciben y ello afecta a sus sentimientos de seguridad y de bienestar.

Si nos equivocamos al escoger, padres e hijos seguimos juntos y podemos así corregir los errores cometidos en el pasado. Esta voluntad de actuar con decisión, incluso ante la posibilidad de cometer errores, es lo que permite al adulto adquirir cierto grado de confianza, la que a su vez le proporcionará la capacidad de corregir sus errores.

Los padres que se muestran indecisos ofrecen a sus hijos una inmejorable oportunidad para ser caprichosos y dominantes creando un clima de tensión cada vez mayor.

Cuando los padres están además dispuestos a admitir sus errores y a aprender de ellos, también están creando el clima necesario para que los hijos, a su vez, admitan sus propios errores y aprendan de ellos.
Lo habitual es que todos los niños adopten un mismo patrón antes de aprender a andar:
 
Normalmente aprenden a dominar la posición de sentado entre los seis y los ocho meses.
El gateo llega entre los ocho y los diez meses.
La horquilla para empezar a caminar es más amplia: entre los nueve y los 18 meses.
De un día para otro, el bebé cambiará de perspectiva y empezará a verlo todo desde las alturas, manteniéndose de pie con algún apoyo (con las manos en un taburete, sujetando los barrotes de su cuna...) y le gustará tanto el nuevo mundo, que en poco tiempo se lanzará a caminar.
Aunque es importante no olvidar que cada niño tiene su propio ritmo y no debemos comparar unos con otros. ¡Cada bebé es un mundo!

Consejos para que el bebé comience a caminar seguro
Es importante, que nuestro hijo dé sus primeros pasos en una zona libre de objetos que puedan dañarle, por ejemplo los muebles sin protección. Las superficies mullidas pero firmes, como el césped o una moqueta o alfombra, le ayudarán a iniciarse en este importante aprendizaje.

Es inevitable que el peque sufra unas cuantas caídas antes de dominar el equilibrio. Si papá o mamá están presentes, se sentirá seguro a pesar de algún que otro culetazo o coscorrón.

En cualquier caso, más vale prevenir que curar: conviene forrar las esquinas de las mesas, tapar enchufes, retirar de su camino objetos que puedan resultar peligrosos...

El corralito
Un apoyo que puede ayudar al niño a desarrollar las funciones motoras es la cuna-parque: el corralito. Según los expertos en psicomotricidad, reúne todos los elementos necesarios para estimular al niño hasta que dé sus primeros pasos: una estructura sólida, un espacio libre, un suelo agradable y confortable para todo tipo de movimientos y unas mallas o redes con la consistencia suficiente para que el niño pueda agarrarse y conquistar todas las alturas hasta lograr la posición de pie.

Incluso puede dar sus primeros pasos en él, yendo de un extremo a otro y perdiendo el miedo al vacío. Para animarle a ello, se puede colocar su juguete preferido en un lado del parque y señalárselo para que vaya a cogerlo.
Eso sí, solo mantendremos al pequeño en el parque un ratito: él necesita más espacio para investigar, curiosear y recorrer... pasito a pasito.

Mejor nada de andadores
La mayoría de los especialistas desaconsejan el uso del andador o tacatá porque puede retrasar la función motora, ya que aunque el niño se desplace y llegue a mover sus piernas como si estuviera caminando, no está aprendiendo a sostener su cuerpo ni a ejercitar el equilibrio, algo necesario para poder dar los primeros pasos.

Por eso el uso del andador hace que el pequeño se salte etapas beneficiosas para su desarrollo. Si aun así se utiliza, debe plantearse como un entretenimiento más que como un apoyo para ayudarle a caminar, limitando su tiempo de uso.

Es un hecho que las nuevas tecnologías invaden nuestras casas. Y que nuestros hijos han nacido en pleno apogeo de las mismas. Desde bien pequeños saben lo que es un teléfono móvil, saben lo que son mensajes de texto, o Whatsapp, saben cómo funciona internet, o las redes sociales. 

Han nacido rodeados de ordenadores, de videoconsolas, de móviles cada vez más modernos, de reproductores mp3 diminutos, de cámaras fotográficas digitales... y un largo etcétera. De hecho yo misma le digo a mi hijo que me escriba la lista de la compra en el iPhone. Y creerme, lo hace mucho mejor que yo.


Pero del uso al abuso hay tan solo un paso. Y debemos saber los riesgos o los efectos secundarios que puede producir un abuso de las nuevas tecnologías en nuestros hijos preadolescentes.

¿Cuántas horas al día?

Según estudios realizados, si un niño pasa dos horas diarias frente al ordenador está adquiriendo un hábito que a mayor edad irá en aumento.

No podemos pedir a nuestros hijos un control si nosotros no damos ejemplo

Si tienen que realizar actividades escolares o buscar información para la escuela, el tiempo deberá ser el que necesiten, dentro de una lógica. Pero el tiempo que dediquen a redes sociales, a juegos on-line, a foros, chats, o todo tipo de webs, debemos también controlarlo.

Lo ideal sería llegar a un pacto con nuestros hijos, y explicarles el motivo por el cual pasar tantas horas ante el ordenador puede ser perjudicial.


La base está en la educación?

Si desde pequeños pactamos con ellos horarios, llegamos a acuerdos, y les mostramos distintas alternativas a las nuevas tecnologías, puede que nuestros hijos también valoren otras actividades.

El ritmo acelerado de vida que llevamos, puede a veces pecar de dejar a los hijos demasiada libertad en el uso de las nuevas tecnologías. Puede que cuando queramos establecer pactos, sea demasiado tarde, y se convierta en un conflicto con ellos.

Si nuestros hijos ven como nosotros estamos mucho rato frente al ordenador, en horas fuera de trabajo, o con el móvil en la mano todo el día... será complicado decirles que no lo hagan. Pues los niños imitan las actitudes y los hábitos de sus padres y familiares más cercanos.

Efectos perjudiciales en los niños?

- La vista se ve afectada.
- Tienden a ser niños más nerviosos.
- Produce sedentarismo.
- Dolores de cabeza.
- Propensos a sufrir sobrepeso.
- Propensos a sufrir enfermedades psicológicas.

Seguridad en la red?

Otro aspecto que tenemos que tener muy en cuenta, es la seguridad que debemos tener al usar internet. Aunque les limitemos los horarios y lleguemos a acuerdos, de por ejemplo usar 30 minutos al día el ordenador si no tienen deberes, si durante esos 30 minutos no navegan de forma segura, también podemos encontrarnos con otro tipo de problemas muy serios.

Debes usar el control parental en los ordenadores



Debemos aplicar un control parental al usuario de nuestro hijo/a, y debemos advertirle de que tenga cuidado a la hora de relacionarse virtualmente con personas desconocidas, que muchas personas fingen otro perfil, y que no deben hablar por chat, o mails con desconocidos, igual que harían en la calle.



Es preferible respetar la edad a la hora de usar las redes sociales. Como ya he comentado en alguna ocasión, las redes sociales no son para niños, tendrán tiempo de usar todas las redes sociales del mundo.

Y si las usan, debemos saber a qué personas tienen como amigos, y que sean personas conocidas de verdad. Es muy popular entre los jóvenes tener 1000 amigos en las redes sociales, pues se agregan entre ellos sin conocerse.

También debemos ayudarles a configurar la privacidad, por las fotos, por los comentarios, para que sepan que todo lo que publiquen allí es visto por mucha gente. Esto debemos explicarlo bien, y advertirles que hay personas que roban fotos de niños, o adolescentes para fines peligrosos.

Si compartimos con nuestros hijos todo tipo de información relacionada con las nuevas tecnologías, si les hablamos claramente y les damos un buen ejemplo, y les ayudamos a encontrar alternativas en el deporte, en la música, en la lectura, etc., podremos llegar a unos acuerdos sin generar ningún conflicto.


Las reglas en el salón de clases definen el comportamiento aceptable dentro de un salón de clases y proporcionan expectativas claramente definidas. Para los alumnos de un jardín de niños, esta es frecuentemente su primera experiencia con expectativas de comportamiento fuera de su casa. Se necesita el desarrollo de reglas adecuadas para mantener el orden en el salón de clases y ayudar a los estudiantes a monitorear y controlar su comportamiento.



Utiliza un lenguaje positivo
Los niños pequeños responden a las reglas y expectativas expresadas de forma positiva. En vez de decir a los niños lo que no pueden hacer, expresa las reglas para decirle a los alumnos lo que pueden hacer. "Mantén las manos y pies hacia ti mismo" es una regla clara y directa, en la que le dices al niño exactamente lo que esperas de él. "No se debe golpear, empujar, dar puñetazos o patadas" simplemente proporciona una lista de lo que los niños no pueden hacer y no ofrece una alternativa.



Mantén reglas simples

Todos hemos visto salones de clases con largas listas de reglas que se espera que los niños sigan, pero la lista es tan larga que los niños no pueden recordarlas todas. Mantén una lista de entre tres y cinco reglas generales que sean fáciles de recordar y cumplir.

Introduciendo las reglas

Introduce las reglas al principio del año para presentar las expectativas adecuadas. Explica cada regla con cuidado. Proporciona una breve explicación racional para la regla, pero evita hablar o explicar de más. Guarda las explicaciones largas para los padres de familia y los administradores escolares. Mantén tus explicaciones simples y puntuales para los niños.

Sé un buen modelo de comportamiento

Los niños siguen lo que hagas, no lo que les digas. Asegúrate de seguir las reglas de la clase en todo momento. Si esperas que los niños escuchen cuando hablas, también debes estar listo para escucharlos cuando ellos hablen. Modelar el comportamiento adecuado ayuda a los niños a aprender lo que se espera de ellos.

Consecuencias del comportamiento inadecuado

Promueve el cumplimiento de las reglas de manera inmediata y consistente. Probablemente desees dar una advertencia por la primera violación y aplicar las consecuencias para la segunda. Breves tiempos de espera, la pérdida de privilegios o una pérdida de unos minutos de recreo son medidas adecuadas en la mayoría de los casos. Sin importar las consecuencias que elijas, hazlas cumplir constantemente.




Todo lo que vive el niño durante sus tres o cuatro primeros años queda almacenado en su mente como una sensación difusa. A partir de esta edad, sin embargo, empieza a recordar mejor.




Aunque parezca mentira, el bebé tiene memoria.. ¡antes de nacer! Y es que en los últimos meses del embarazo se desarrolla el sistema nervioso del pequeño y, a la vez, su memoria.

Por eso el bebé aún no nacido reconoce estímulos de fuera, como la voz de su madre, una música o el ladrido del perro de sus abuelos.


Investigaciones recientes demuestran que los niños de pocos días distinguen perfectamente el lenguaje materno de otro desconocido: prestan atención al primero y no al idioma extranjero.

En otras palabras, el bebé nace con la capacidad para recordar y ésta irá madurando a lo largo de su infancia.

A PARTIR DEL LENGUAJE

El desarrollo de la memoria es un proceso fisiológico y cerebral que se produce espontáneamente. El pequeño va teniendo una memoria más eficaz a medida que va entendiendo mejor el mundo que le rodea.

Raras veces se tienen recuerdos antes de los 3 o 4 años. Es natural, ya que hasta entonces el niño vive las experiencias sin poder clasificarlas, como retazos difusos, muy difíciles de evocar. Pero esto cambia en cuanto el pequeño dispone de un lenguaje más amplio.

A partir de entonces (sobre los 3 años) es capaz de nombrar lo que ve, de describir lo que vive y de poner orden en sus experiencias. Y esto le facilita el poder memorizarlas. A ello se une que también empieza a tener sentido del tiempo (hacia los 4 años).

Por diferentes estudios sabemos que los niños sordomudos empiezan a tener recuerdos seis meses más tarde que los que oyen y hablan bien, igual que les ocurre a los pequeños que viven en aldeas de poquísimos habitantes, donde se estimula menos el lenguaje.

Para que tu hijo tenga mejor memoria, comenta con él por la noche lo que habéis hecho durante el día. También es aconsejable que le enseñes los conceptos relacionados con el tiempo, como ayer, hoy, pronto, tarde, mañana, luego...

Entre los 3 y los 4 años empezará a utilizarlos, pero no con exactitud. Usará el término “ayer” para todo lo que aconteció en el pasado, como sus anteriores cumpleaños.


Al enseñarle fotos de las fiestas que le habéis organizado, aprovecha para explicarle el paso de los años. Otra actividad útil para ayudarle a entender el paso del tiempo es ir tachando en un calendario los días que van transcurriendo.

LA MEMORIA "OLVIDADA"

Aunque el niño no es capaz de acordarse de lo que aconteció en sus primeros años, estas experiencias tan precoces no se pierden, de algún modo quedan almacenadas en su mente y ejercen una notable influencia sobre él: si el pequeño crece en un entorno cálido y armonioso, interpretará el mundo de una manera muy diferente a si vive en un ambiente conflictivo y hostil.

Dicho de otra forma, el entorno familiar determina su sensación más básica de paz o de intranquilidad, su predisposición al optimismo o al pesimismo.

Aunque nunca hayamos reparado en ello, todos tenemos recuerdos “olvidados” y salen a la luz en nuestros sueños, en las pesadillas, en situaciones extremas o en terapias. En muchas ocasiones también explican el origen de nuestros miedos y fobias, así como de nuestras predilecciones y favoritismos.

REMEMORA LO POSITIVO



El pequeño recuerda tanto lo malo como lo bueno. Y también recordará con infinito cariño los desayunos en familia, el cuento de antes de dormir...

Pero aunque los niños se acuerdan bastante bien de todo lo que les ocurre, está comprobado que poseen una especial facilidad para fijar en su mente las vivencias positivas y rememorarlas con frecuencia, mientras que de lo malo prefieren no volver a acordarse.

En cualquier caso, para proporcionar a tu pequeño muchos recuerdos positivos, ten en cuenta estas pautas:
Establece en vuestra vida rutinas y costumbres que os resulten agradables a todos y que aumenten su sensación de pertenecer a una familia unida, que se quiere mucho, como las excursiones del domingo, una comida especial una vez por semana, los ratos juntos en el parque o las visitas a la biblioteca infantil del barrio y a esa tienda de animales que tanto le entusiasma.

¿Te has dado cuenta de que lo que más recuerdos evoca en los adultos son los olores de nuestra infancia? Por ello, presta una especial atención a los aromas de tu casa. ç

Tu hijo tiene el sentido del olfato perfectamente desarrollado y esos olores agradables que capte ahora y que se vuelvan familiares para él, quedarán grabados en su memoria y cuando se haga mayor y vuelva a olerlos, enseguida le trasladarán a los momentos más dulces de su infancia.