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1. Valora a tu hijo. Cuanto se siente respetado y estimado, el joven progresa y madura.

2. Cree en tu hijo. Incluso los jóvenes “difíciles” tienen bondad y generosidad en el corazón.

3. Ama y respeta a tu hijo. Muéstrale, claramente, que estás a su lado, míralo a los ojos. Nosotros pertenecemos a nuestros hijos, no ellos a nosotros.

4. Elogia a tu hijo siempre que puedas. Sé sincero: ¿a quién de nosotros no le gusta un elogio?

5. Comprende a tu hijo. El mundo hoy es complicado, rudo y competitivo. Cambia cada día. Procura entender esto. Quién sabe lo que él necesita de ti, esperando apenas un gesto tuyo.


6. Alégrate con tu hijo. Mucho más que nosotros, los jóvenes son atraídos por una sonrisa; la alegría y el buen humor atraen a los niños como la miel.

7. Acércate a tu hijo. Vive con tu hijo. Vive en medio de él. Conoce a sus amigos. Procura saber donde va, con quien está. Invítalo a traer a sus amigos a tu casa. Participa amigablemente de su vida.

8. Sé coherente con tu hijo. No tenemos derecho a exigir de nuestro hijo actitudes que no tenemos. Quien no es serio no puede exigir seriedad. Quien no respeta, no puede exigir respeto. Nuestro hijo ve todo esto muy bien, tal vez porque nos conoce mejor que nosotros a él.

9. Prevenir es mejor que castigar a tu hijo. Quien es feliz no siente necesidad de hacer lo que no es correcto. El castigo duele, el dolor y el rencor te alejan y separan de tu hijo. Piense, dos, tres, siete veces, antes de castigar. Nunca con rabia. Nunca.

10. Reza con tu hijo. Al principio puede parecer “extraño”. Pero la religión necesita ser alimentada. Quien ama y respeta a Dios amará y respetará a su próximo. “Cuando se trata de educación, no se puede dejar de lado la religión”.




Se tiende más a hablar del papel de la madre que del padre en la educación y el cuidado de los hijos, pese a que la función paterna no solo es importante sino también imprescindible en la estructuración y el desarrollo psíquico de los niños, así como para el desarrollo de su autonomía y su crecimiento como personas.


   También es cierto que los cambios de las últimas épocas han ido transformando los papeles del hombre y la mujer, lo que ha permitido que los padres estén cada vez más comprometidos en la crianza de los hijos.

   Pese a ello, ser padre en la actualidad no deja de entrañar un desafío: la figura del progenitor que se encarga del sustento de la familia y encarnaba la autoridad frente a los hijos ha dejado de ser un modelo válido. Con ello el patrón de las generaciones anteriores no sirve ya como referente y los hombres deben ir adaptándose a esa función sin demasiadas pautas que seguir.


De la mamá al papá

   El padre es tan vital en la vida del niño como la madre aunque, lógicamente, el primer vínculo importante de apego y fusión se establece con ella, desde la gestación al acto mismo del nacimiento y la crianza de los primeros meses.
   Ya durante el embarazo es importante que el padre acompañe en todo momento a la madre, conozca las distintas fases de gestación y responda a sus preocupaciones. Últimamente son más cada vez los hombres que acuden a los cursos de preparación para el parto y quieren estar presentes en el mismo.
   Compartir las ilusiones y los contratiempos de la gestación es una primera forma de acercarse a la función paterna; también es un modo de que la la madre vea al padre involucrado, informado y preparado para hacerse cargo de la criatura en igualdad de condiciones que ella.
   Dejar que el padre participe en tareas prácticas, como el cambio de pañales, los baños, la alimentación… ayuda al bebé a sentir que no tiene un vínculo exclusivo con la madre y que su padre también forma parte de la estructura familiar.

Cómo fomentar la relación

   A algunos padres les cuesta relacionarse con un bebé. Pueden ser útiles los siguientes consejos:

1) La madre debe dejar al padre que actúe a su manera en los cuidados del niño. Puede darle alguna pauta pero nunca descalificarle o tildarlo de torpe.

2) El padre deberá renunciar a parte de su libertad para ponerla a disposición de sus hijos, ya que los niños precisan saber que su padre está disponible para estar con ellos.

3) Momentos especiales. Conviene reservarse algún momento de la semana para realizar alguna actividad solos padres e hijos.

4) Ninguna tarea es responsabilidad exclusiva del padre o la madre. En función del tiempo que se tenga todo puede ser compartido: ir al médico, acompañarlos a la escuela, hablar con los tutores…

Iguales pero diferentes

   En detrimento de la idea clásica que abogaba por la existencia de un instinto materno que facilitaría el vínculo y el cuidado de los hijos (lo que generaba un sentimiento de incompetencia paterno, como si los hijos debieran estar solo con la madre), estudios más actuales avalan la idea de que hombres y mujeres tienen competencias parentales similares, solo cambia el modo de ejercer esas capacidades. Además, cuando un padre participa desde el nacimiento en los cuidados de su hijo, se crea un vínculo emocional que facilitará la relación en el futuro.

A VECES EL HOMBRE MÁS POBRE DEJA A SUS HIJOS LA HERENCIA MÁS RICA

   Partiendo de que esta tendencia a criar se encuentra tanto en el padre como en la madre, el deseo de sentirse conectado emocionalmente con los hijos es también idéntico, así como la capacidad de detectar las señales de los bebés cuando tienen hambre, sueño o se sienten mal y, por tanto, la posibilidad de responder adecuadamente a estas demandas.

Entre las diferencias se destaca el modo de jugar.
Los padres suelen acompañar a sus hijos en juegos de índole más física y de exploración en general, y no tienden a ser tan sobre protectores, lo que ayuda a los niños a ganar seguridad y confianza.

En lo tocante a la disciplina.
   Los padres suelen ser más firmes y a la hora de poner unos límites suelen alejarse de lo emocional y tratar la cuestión de un modo más impersonal.

   Por lo tanto, podemos decir que la diferencia de patrones de comportamiento entre el padre y la madre es complementaria en el desarrollo del hijo.

LOS TRES ESTILOS DE PADRE  

   La forma en que cada padre desempeñará su función paterna varía en base a diferentes cuestiones, entre las que destacan su propia personalidad y la relación que ha tenido con sus propios progenitores. A grandes rasgos, existen 3 estilos fundamentales de paternidad, aunque también es cierto que en según qué momentos o situaciones un padre puede variar de un estilo a otro:

1) Padres autoritarios.
   Imponen con autoritarismo la disciplina y los límites, son muy inflexibles en el trato con los hijos y suelen querer moldearlos hacia el estilo de persona que desean que se convierta. La relación tiende a estar basada en premios y castigos, y predomina la razón a los sentimientos. Asimismo, quieren controlar todos los aspectos de la vida de sus hijos, escuelas, amigos, actividades extraescolares, alimentación…
   Los niños con este tipo de padres viven más atemorizados y, buscando agradar a su padre. Se convierten en personas inseguras y con baja autoestima; suelen cerrarse en sí mismos y se irritan fácilmente. Cuando el padre es muy despótico, el hijo se refugia en la madre.

2) Padres permisivos.
   Encarnan el extremo opuesto al autoritarismo y, probablemente por su inseguridad como padres o por haber sido criados bajo las exigencias de padres autoritarios, suelen ser excesivamente permisivos con sus hijos: apenas ponen normas, exigen poco y casi nunca castigan.
   Debido a esa educación los hijos crecen con pocos límites y, más que sentirse controlados por los padres, son ellos quienes acaban controladores. Pueden ser muy inmaduros, sobreprotegidos y con poca tolerancia a la frustración.

3) Padres democráticos!!!
   Consideran que sus hijos deben ser educados bajo una serie de normas y valores, y que ellos, junto a la madre, deben ser quienes ejerzan la autoridad pero de forma equitativa y equilibrada. Tienen en cuenta las características personales y las necesidades particulares de sus hijos, preferentemente las emocionales, prestan atención a sus problemas y dialogan con ellos.
   Los hijos crecen con mucha más seguridad en sí mismos que los anteriores, ya que se sienten queridos y acompañados por sus padres, a la vez que perciben en ellos un modelo atractivo de comportamiento. Saben que hay unas normas claras que les indican lo que se puede y no es posible hacer y tienden a respetarlas o a aceptar las consecuencias si las transgreden.


Lourdes Mantilla (Psicóloga clínica)

Fuente: Cuerpo y Mente.

Todos hemos visto estas escenas: el niñito malcriado tirándole arena a los demás en el parque; el lloroncito de 3 años que no se calla hasta que sus padres le compran un dulce en el supermercado; la niña de 5 años que grita ¡porque no quiero! en el restaurante.


Y hemos mirado a sus padres con cierto desdén, seguros de que nosotros nos portaríamos de manera muy diferente si nuestros hijos se estuvieran portando de tan espeluznante manera.



Hasta que nos pasa a nosotros: nuestro niñito tiene un ataque que nos agarra completamente de sorpresa. Y de repente, eres tú esa mamá o papá que no sabe qué hacer frente a tan difícil situación. La verdad es que todos los niños presentan problemas de conducta que ocurrirán en edades diferentes, y será responsabilidad nuestra encontrar la mejor manera de solucionarlos.


¿Por qué es la disciplina un dilema tan grande? Porque ponerla en práctica es como caminar por una cuerda floja. Por un lado está el peligro de ser demasiado permisivos, porque nadie quiere criar a niños consentidos y tiranos; por el otro, está el miedo de controlarlos excesivamente, porque tampoco queremos ser tan duros que lleguemos a criar a niños miedosos, tímidos y tristes.

Lo que necesitamos es encontrar un término medio para lograr educar a niños respetuosos, afectuosos y bien portados.
Primero, las reglas básicas


Para preparar el escenario y disciplinar a los niños con éxito, éstas son las reglas básicas con las que concuerdan muchos expertos:


1. Todos tenemos responsabilidades. Hay que enseñar a los niños, desde el principio, que en la familia hay un sistema de apoyo recíproco, por el cual todos se ayudan y colaboran. Hasta una bebé puede "ayudarte" a alzarla, levantando sus bracitos hacia ti.


2. El respeto tiene que ser mutuo. Una de las quejas más comunes de los padres con relación a sus hijos y viceversa es: "No me estás escuchando". Procura dar un buen ejemplo desde el principio, y cuando tu niñito trate de decirte algo, interrumpe lo que estés haciendo, ponle atención y escúchalo. Así más tarde podrás exigirle el mismo comportamiento.


3. La clave está en la constancia. ¿Quieres criar a un niño con fortaleza emocional? Sé constante y firme con relación a las normas y tareas. Es preferible insistir en que el niño ayude con una única tarea que no exigirle absolutamente nada. Tu firmeza y constancia le enseñarán a tu hijito que le quieres lo suficiente como para esperar que se comporte responsablemente.

4. La vida no siempre es justa. Los padres tenemos mucho miedo de decepcionar a nuestros niños, demasiado, dicen muchos expertos. Pero, si los niños nunca pasan por situaciones dolorosas o frustrantes, como al tener que compartir un juguete o esperar su turno, o si nunca sienten tristeza ni desilusión, no tendrán la oportunidad de desarrollar las habilidades psicológicas esenciales para su felicidad. O sea que si tu niño se enfada porque a su hermanito más pequeño le tocó un castigo diferente, por ejemplo, está bien que le digas: "Sé que te parece injusto, y siento que te moleste, pero la vida no siempre es justa". 


Las herramientas: Bebés, niños pequeños y niños mayores


Atención: Nuestras herramientas no están garantizadas, y ninguna de ellas será perfecta para todos los padres y niños. Pero sí te ofrecerán opciones a la hora de disciplinar a tus hijos, ¿y a qué padre no le gustaría contar con más "armas secretas"?

Herramienta: Dale amor en abundancia.

Edad: De recién nacido a 12 meses (¡y mucho más!).

Cómo funciona: Seguramente te habrás preguntado si tu bebé se está saliendo con la suya cuando vas y lo alzas por la enésima vez. ¿Debes de empezar a imponerle límites? Todavía no, dicen los profesionales. Al responder a las necesidades de tu bebé no lo estás consintiendo ni "malcriando", ya que es imposible consentir o mimar demasiado a un bebé.

De hecho, el resultado será precisamente lo contrario: al darle a tu bebé todo el amor y atención posibles ahora, le estás ayudando a transformarse en una persona bien equilibrada y comportada. Tu bebé está aprendiendo a confiar en sus padres, y su forma de hacerlo es comprobando que siempre estás presente para responder a sus necesidades.

Con el tiempo, esa confianza hará que tu hijito se sienta más seguro y menos ansioso, sabiendo que reconoces y atiendes a sus deseos y necesidades. Y cuando más tarde llegue la hora de imponer límites y normas, tu pequeño confiará también en tus decisiones y entenderá que lo quieres aunque tengas que corregirlo.

Ejemplo de cómo usar esta herramienta: Tu bebita de 4 meses está llorando, a pesar de que le diste el pecho hace media hora. Tu suegra dice que la dejes llorar. Está equivocada, dicen los expertos. Su llanto es su forma de decirte que necesita algo, aunque no sepas lo que es. Prueba caminar un rato con ella, volverla a amamantar, o mecerla y cantarle una canción. Tu hijita necesita saber que estás ahí para asistirla, aunque lo único que necesite sea una siesta.

Herramienta: Elimina y sustituye.

Edad: 6 a 18 meses.

Cómo funciona: Como todos nosotros, los niños aprenden haciendo. Eso significa que cuando tu niñito tira al suelo su plato de frijoles es porque quiere ver qué va a pasar, y no porque tiene ganas de enojarte o ensuciar el suelo de la cocina.

Esto no quiere decir que tengas que permitirle hacer todo lo que quiera, o algo que a ti no te guste, y muchísimo menos que juegue con algo peligroso. Cuando eso ocurra, quítale el objeto o lleva a tu niño hacia otro lugar. Ofrécele entonces algo más seguro, que ensucie menos o no sea tan destructivo. Al sustituir el objeto por otra alternativa evitas que se desespere.

Es importante que le expliques lo que estás haciendo, aunque sea demasiado pequeño para entenderlo del todo. Le estás enseñando la importante lección de que algunos comportamientos son inaceptables y que, cuando sea necesario, tú le cambiarás de actividad.

Ejemplo de cómo usar esta herramienta: Tu bebé de 8 meses insiste en morder las cuentas de tu collar favorito. En lugar de permitírselo (ya que podría romper el hilo y atragantarse con una cuenta) o continuar sacándole el collar de las manitas una y otra vez, quítate el collar y guárdalo, explicándole que "el collar de mamá no se puede morder". Dale entonces una mordedera o juguete para morder y dile, "esto sí se puede morder".

Herramienta: Refuerza lo positivo.

Edad: 12 meses en adelante.

Cómo funciona: Este truco es fácil: Cuando tu niñito se esté portando bien, díselo, en lugar de sólo hablarle para llamarle la atención por hacer algo mal. Recompensar el buen comportamiento en lugar de reprochar el malo es un hábito que requiere un poco de práctica, pero a la larga es más eficaz.

Cómo usar esta herramienta en el cotidiano: Es la hora de la siesta (lo cual a veces se transforma en un momento de disputa con tu niñita). Motívala elogiando hasta el mínimo esfuerzo de su parte: "Qué bueno que has dejado de jugar cuando te lo pedí. Eso significa que tendremos tiempo para leer un cuento. Si te acuestas rapidito, tendremos aún más tiempo y podremos leer dos cuentos". Sigue felicitándola por todo y cualquier cambio positivo en su conducta a la hora de la siesta, y recompensa sus intentos con cuentos o canciones.

Herramienta: Solicita la ayuda de tu niño.

Edad: 12 meses en adelante.

Cómo funciona: Los estudiosos han descubierto algo que muchos padres todavía no han percibido: los niños llegan al mundo programados para ayudar y cooperar. Todo lo que tenemos que hacer como padres es aprovechar esta tendencia natural. Muchas veces, nosotros los padres no lo notamos porque no esperamos que los niños quieran ayudar.

Haz que tu niñito participe (aunque lo haga a su manera) en las tareas del hogar, con eso le estás enseñando que en la casa todos cooperan y trabajan juntos. Dependiendo de su edad, puede lavar una verdura, alimentar al perro o separar la ropa que se ha lavado por cada miembro de la casa. Le estarás enseñando a ser un buen ayudante, lo cual es una de las habilidades más importantes en la vida porque los expertos han comprobado que las personas con mayor salud mental son aquéllas que han aprendido a ayudar a los demás.

Aunque ésta no parezca ser una estrategia disciplinaria, lo comprobarás cuando la empieces a aplicar. Una vez que hayas enseñado a tu hijito a cooperar, esta cualidad te será muy útil porque al delegarle un "trabajo" evitas ciertas situaciones que podrían provocar un berrinche o rabieta.

Ejemplo de cómo usar esta herramienta: Estás en el supermercado (uno de los escenarios predilectos de los niños para las rabietas). Cuando tu niñito empiece a agitarse, tratando de escapar del carrito de compras, enséñale una caja de cereal y dile: "Tengo que comprar comida, y necesito que me ayudes". Entonces dale la caja de cereal y deja que él la coloque dentro de la canasta. También puedes pedirle que sea tu "buscador" y te ayude a encontrar las comidas y los productos que necesitan.

Herramienta: Arreglen juntos el problema.

Edad: 12 a 24 meses.

Cómo funciona: Volviendo al ejemplo del plato de frijoles, es importante diferenciar entre un bebé que juega a tirar su comida al suelo y un niñito que lo hace intencionalmente, sabiendo que está ensuciando la cocina para que luego mamá o papá la limpien.

Ese punto de transición ocurre cuando el niño es capaz de entender que está haciendo algo que no debe de hacer, normalmente alrededor de su primer cumpleaños. Cuando te mira con expresión traviesa y luego tira los frijoles, es hora de reaccionar. Lo que tienes que hacer es empezar a enseñarle el concepto de ser responsable de sus acciones.

Ejemplo de cómo usar esta herramienta: Tu hijito ha ensuciado todo el piso bajo su sillita a la hora de comer. Cuando termine, sácalo de la sillita, ponlo en el suelo y pídele que te alcance unos frijoles y te "ayude" a recoger. Háblale sobre lo que están haciendo: "Hemos tirado comida al suelo, o sea que ahora tenemos que limpiar".

Herramienta: Háblale en su idioma.

Edad: 12 a 24 meses.

Cómo funciona: A veces el secreto para que los niños hagan lo que tienen que hacer o dejen de hacer lo que no deben depende, simplemente, de que nos comuniquemos con ellos de una forma que realmente entiendan. El pediatra Harvey Karp, autor del libro El bebé más feliz del barrio sugiere que los padres vean a su niñito como un "hombrecito prehistórico" y que le hablen como tal. En otras palabras, háblale de forma casi primitiva, de la manera más sencilla posible.

Karp se refiere a esta estrategia de comunicación como la "regla de la comida rápida" porque te portas básicamente como el cajero en una ventanilla de comida rápida: repites la orden y dices el precio. Usa frases cortas y mucha repetición, gestos y expresividad para mostrarle a tu niño que entiendes perfectamente lo que él quiere o piensa.

Ejemplo de cómo usar esta herramienta: Tu hijito le arranca un juguete de las manos a su amiguito. En lugar de sentarlo para un tiempo de castigo o tratar de explicarle por qué lo que hizo está mal (dos estrategias en las que asumes que tu niño ha avanzado lo suficiente en su desarrollo como para comprender lo que ha sucedido), repítele lo que crees que está pensando o sintiendo: "Tú quieres el juguete".

Al reconocer sus sentimientos, le estás ayudando a tranquilizarse. Y una vez que se haya calmado lo suficiente para poder escucharte, podrás transmitirle tu mensaje disciplinario, aunque en la versión simplificada: "Agarrar, no. Juguete de Pablo". Aunque al principio te parezca raro, verás como sí funciona.

Herramienta: Controla su coraje.

Edad: 12 a 36 meses.

Cómo funciona: Los niños pequeños son susceptibles a las rabietas porque aún no son capaces de controlar sus emociones, explican los expertos.

El primer paso que hay que tomar en estas situaciones es permitir que el niño se tranquilice como pueda. Si te permite que lo abraces, mécelo entre tus brazos hasta que se calme. Si cuando lo tocas se enfurece más todavía, dale espacio para que logre calmarse él solito.

No trates de charlar sobre lo ocurrido hasta que haya pasado su tormenta emocional. Pero una vez que se calme, no dejes de hablar con tu niñito sobre lo que ocurrió, aunque te parezca que todo se ha solucionado. Rebobina la película y vuelve a la escena del crimen. Ésa es la única forma de corregir los errores que se hayan cometido.

Ejemplo de cómo usar esta herramienta: Tu niñito se negó a vestirse y se puso como loco, tirando sus juguetes por la habitación. Una vez que se haya calmado, llévalo hacia los juguetes que ha tirado y dile con calma pero con firmeza que es hora de recogerlos. Si la tarea parece ser demasiado grande para él, divídela. Señala algunos juguetes y di, "tú recoges los de ahí y yo recojo los de allá". Quédate con él hasta que haya terminado su parte.

Si se niega o empieza a tener otra rabieta, el ciclo se repite, pero esta vez espera un poquito más hasta que se calme completamente, y asegúrate que sepa que vas en serio. Vuelve entonces a decirle que recoja los juguetes.

Herramienta: Obedece sus "no".

Edad: 12 a 36 meses.

Cómo funciona: "No" suele ser una de las primeras palabras que aprenden los niños, y casi inmediatamente se transforma en la que más les gusta. Como sabemos los papás, esa negatividad y rechazos constantes se vuelven un poco fastidiosos. Aunque parezca mentira, una de las maneras de prevenir los incansables "no" es procurando tomarlos en serio cuando tu hijito los pronuncie. Al fin y al cabo, todos nosotros tenemos la costumbre de repetir lo que decimos cuando creemos que no nos están escuchando, ¿no es cierto?

Ejemplo de cómo usar esta herramienta: Tu hijito está corriendo de un lado a otro con el pañal sucio, pero se niega a dejar que lo cambies. Primero pregúntale si quiere que le cambies el pañal, y si te responde que no, dile: "muy bien", y espera unos minutos más. Al cabo de cinco minutos vuelve a preguntárselo, y si otra vez te dice "no", espera un poco más. Seguro que para la tercera vez que se lo preguntes, ya le estará molestando tener el pañal sucio y te responderá que sí. Al darse cuenta que su "no" tiene valor, tu hijito dejará de usarlos a modo de respuesta automática.